Jueves, 01 2026 Octubre

Se trata, qué scrum quiere volver a ser Argentina.

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Francia - Los Pumas, Saint-Denis, Francia 2024. - SIC/CASI, 1989–1998: SCRUM del Plantel Superior del SIC.  IMAGEN GENRUGBY/ SIC/GarciaLanza

El reemplazo de Andrés Bordoy todavía no está definido. Pero el debate que se abre va mucho más allá de encontrar un nombre para ocupar un lugar dentro del staff de Los Pumas. La discusión vuelve a colocar en primer plano una de las formaciones que históricamente identificaron al rugby argentino: el scrum.

A menos de un año del Mundial de Australia 2027, Felipe Contepomi decidió modificar su estructura de trabajo.

La UAR confirmó la salida de Bordoy, quien integraba el staff desde 2022 y tenía entre sus responsabilidades el trabajo con los forwards y el scrum. La designación de su reemplazante todavía está en proceso.

Pero detrás de esa decisión aparece una pregunta mucho más profunda:

¿Qué scrum quiere jugar Argentina?

No se trata solamente de elegir a un entrenador. Se trata de definir una metodología, recuperar una identidad y conseguir que los ocho delanteros entiendan el scrum como una única estructura de fuerza.

Ese es precisamente el planteo que realiza Santiago García Lanza, jugador, entrenador y pilar del SIC, cuando sostiene que el camino no debería pasar por buscar “fórmulas mágicas”, sino por recuperar principios que históricamente caracterizaron al scrum argentino.

Su propuesta pone el acento en el empuje coordinado con flexión, el trabajo del hooker por el canal 2, las posiciones de los pilares, las tomas de la segunda línea y, fundamentalmente, en la dirección de los vectores de fuerza.

Para García Lanza, pequeños detalles técnicos modifican completamente el funcionamiento de la formación: la posición de los pies, la relación entre los pilares, la toma de los segundas líneas y la coordinación entre los ocho jugadores.

Porque el scrum no son ocho jugadores empujando individualmente. Son ocho jugadores transformándose en una sola estructura.

Y allí aparece una característica que durante décadas acompañó al rugby argentino.

El scrum fue mucho más que una forma de reiniciar el juego. Fue una Escuela de técnica, disciplina, sacrificio y pertenencia. En los clubes argentinos se construyó durante generaciones una cultura alrededor de esa formación, transmitida desde las divisiones juveniles hasta los planteles superiores.

La experiencia acumulada en los clubes, los torneos nacionales y las grandes disputas del rugby argentino fue generando diferentes maneras de interpretar la formación: cómo entrar, cómo sostener la estructura, cómo generar presión, cómo administrar la energía y, sobre todo, cómo convertir ocho esfuerzos individuales en un único vector de potencia.

EL SCRUM COMO MOMENTO DE VERDAD

Para el rugby argentino, el scrum siempre tuvo una dimensión particular.

Es uno de los pocos momentos del partido en los que ocho jugadores deben coordinar simultáneamente postura, equilibrio, respiración, tensión muscular, comunicación, técnica y fuerza.

No alcanza con tener ocho forwards fuertes.

La fuerza debe llegar al mismo tiempo, en la misma dirección y dentro de una estructura técnicamente correcta.

Por eso, cuando el scrum argentino funciona en su máxima expresión, la sensación no es simplemente de potencia.

Es de unidad.

Y eso adquiere todavía mayor importancia pensando en Australia 2027.

CONTEPOMI TIENE AHORA UNA DECISIÓN ESTRATÉGICA

El propio entrenador de Los Pumas explicó que está buscando al nuevo integrante mediante entrevistas y que, además de la competencia profesional, considera fundamental la dimensión humana.

La decisión, entonces, no debería observarse solamente desde el nombre elegido.

La verdadera cuestión será qué modelo de scrum pretende desarrollar el seleccionado argentino durante los próximos doce meses.

Porque el Mundial no permitirá largos períodos de adaptación.

Los Pumas necesitarán llegar a Australia con una formación que conozca perfectamente sus roles, sus tiempos y sus responsabilidades.

Primera línea. Segunda línea. Tercera línea. Hooker. Pilares. Ocho jugadores. Una sola estructura.

Y ahí aparece una idea central del planteo de García Lanza:

volver a las bases.

No como una mirada nostálgica hacia el pasado, sino como la posibilidad de recuperar principios técnicos que pueden convivir perfectamente con las exigencias del rugby internacional moderno.

AUSTRALIA 2027: EL SCRUM COMO ARMA

El próximo Mundial comenzará el 1 de octubre de 2027 en Australia.

Para entonces, la discusión sobre el scrum ya no será teórica.

Argentina necesitará saber exactamente qué quiere hacer cuando aparezca la oportunidad de disputar esa formación contra las grandes potencias.

Porque frente a los mejores equipos del mundo, el scrum puede convertirse en una fuente de posesión, territorio, penales y presión.

Y también puede transformarse en una señal psicológica para el rival:

“Aquí no vas a tener una pelota fácil.”

Por eso, quizás la búsqueda del sucesor de Bordoy no debería reducirse a:

¿Quién será el nuevo entrenador de scrum de Los Pumas?

La pregunta más profunda podría ser:

¿Qué scrum argentino quiere Felipe Contepomi llevar al Mundial de Australia 2027?

Y a partir de allí, encontrar al entrenador que pueda convertir esa idea en una realidad sobre el campo.

 

GENRUGBY